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miércoles, 31 de octubre de 2018

MINIMALISMO SOCIAL. VIVIR EN ARMONIA

Si hay un efecto terapéutico en el minimalismo, es el de armonizar tu vida. Aunque estés empezando y no termines de ver qué relación puede haber entre tirar unos zapatos viejos y armonizar tu vida, te aseguro que vas a encontrarte pronto con esto. Y es maravilloso. 
En otros post te he hablado de cómo empezar a minimizar tu casa, y de algunos de los beneficios que eso tiene en tu vida. Se trata simplemente de quedarte con lo esencial, y dejar ir todo lo demás. Más adelante volveremos sobre el tema, con tips para ir modificando y simplificando la vida. 
Hoy quiero hablarte de otra cosa, quiero hablarte de la importancia que tiene ser capaz dejar marchar a todas esas personas, eventos y circunstancias que no son buenas para ti. Igual que el exceso de cosas no deja fluir el aire limpio por una habitación, y te quita tiempo y energía, impidiendo que sepas qué cosas son las que de verdad te gustan, el exceso de compromiso sociales, de dependencia de la gente, te impide atender como se merecen a las personas queridas, y saber realmente quien te importa y qué momentos son importantes para ti. 

Es materialmente imposible conocer bien y tener una relación de calidad con cinco mil amigos. Si en tu Facebook, por ejemplo, tienes 5000 amigos, tal vez no tengas ninguno. Porque los que realmente son importantes "se pierden" entre los que no lo son, y no puedes dedicarles el tiempo necesario. Como decía el sabio "la amistad es como un sendero, si no lo transitas con frecuencia termina por perderse entre la maleza". Además, cuando tienes un exceso de relaciones sociales, terminas dependiendo de cuantos likes recibes, de quien te comenta, de quién te responde en los grupos de whatsapp. Y depender de eso, de terceros, muchos de los que ni siquiera conoces bien, es agotador , invalidante, y una verdadera esclavitud. 
Te cuento que, hace cerca de un año, desinstalé mi cuenta de whatsapp. Llevaba tiempo pensando hacerlo, pero me daba miedo. No sé muy bien porque, algo que no existía hace unos pocos años se había convertido en algo que me daba miedo perder. Lo curioso es que ni siquiera me gustaba escribir en whatsapp. 
¿Sabes cual fué el efecto inmediato cuando lo desinstalé? Que aquellas personas a las que les importo de verdad, me llamaron para preguntarme si las había bloqueado, o qué pasaba. 
Ahora me tomo mi tiempo para llamar de vez en cuando a mis amigos y a mis familiares, a las personas que quiero. Ya no recibo ositos de buenos días, pero sí me voy a tomar un café con mi amiga Conchi cuando me apetece, o paso por la tienda de mi amiga Julia a charla un ratito, o hablo por teléfono con Almudena mientras cocinamos cada una en su casa y compartimos la receta de cocina que estamos haciendo. 


Ya no me importa si una coma de más o de menos ha hecho que se cree un mal entendido en un grupo de madres del colegio, ni dejo de hablar en la mesa con mi familia porque ha sonado el zumbido que anuncia que alguien me ha enviado un emoticono. 
No soy una ermitaña, más bien al contrario: minimizar mis relaciones ha hecho que las personas me importen más y yo a ellas. Salgo a la calle y no voy mirando al móvil, miro a la gente. Y algunos me devuelven la mirada, un saludo, una sonrisa. Hay un mundo entero de historias ahí fuera y nos las perdemos en la virtualidad. 
Lo mismo ocurre con los eventos. ¿Cuántas veces vas a una boda de un primo lejano simplemente por no quedar mal? ¿Cuantas veces sales de copas cuando te apetecería más quedar a cenar y charlar simplemente? O quedarte en tu casa viendo una peli arropado en una mantita. 
Es muy fácil declinar esas invitaciones a las que no quieres ir, pero simplemente nos da miedo hacerlo. Y seguimos perdiendo nuestra vida, que es nuestro tiempo, solo por no "quedar mal" con otros. Y quedamos mal con nosotros mismos. 
Termino con un consejo: hazte dueño de tu vida social. Atrévete a decir un no. No, gracias. Eso es todo lo que necesitas decir para liberarte de una tarde de cine cuando no te gusta esa película. No, gracias, es lo único que necesitas para no ir a esa boda a 300 km. que te va a costar más dinero del que puedes permitirte y que, tal vez, ni siquiera conoces a los contrayentes. Agradece con educación, pero sé firme. Tal vez al principio se extrañen, pero después aprenderán que tú funcionas así. Tal vez alguien incluso no te vuelva a llamar, pero si eso era suficiente para que desapareciera de tu vida, no era alguien que te quería mucho. 
Queda bien contigo mismo. Es un modo de amarte. Es un modo de vivir más y mejor. Vive en armonía.